sábado 13 de diciembre de 2008

¡FELIZ NAVIDAD...! Por: Miguel Paez


Siempre hay buenas razones para decir feliz navidad. En la infancia, diciembre tenía una connotación especial. Además de los regalos de los padres, a última hora aparecía un familiar lejano o un conocido con regalos que no esperabas. Navidad era sinónimo de generosidad, incluso en las comidas que preparaba la abuela y en los aguinaldos que obsequiaban por el rezo de la novena. Lo que hacía de este tiempo algo aún más especial, era que las noches se volvían más transparentes. Por eso nunca me costó trabajo creer lo de la estrella de Belén que cantaba en los villancicos. Pero lo que he dicho no se trata sólo de una idea desgastada por el tiempo. Si alguno de los lectores de esta nota quiere comprobarlo, salga esta noche al espacio abierto (ojalá donde no haya mucha luz y contando con que la lluvia no dañe los planes) y verá lo que ha conmovido a tantas personas durante varios siglos: el esplendor del cielo estrellado con Júpiter y Saturno, con Venus y Marte en pleno tránsito alrededor del sol. Si logran conmoverse (como aún me sucede después de treinta y pico de años de estar haciéndolo) siéntanse recompensados. También los pastores de Belén y los reyes de Oriente pasaron por lo que ustedes ahora. ¿Podrá existir mejor ejemplo de generosidad? ¿Podrá darnos el universo regalo más sorprendente? ¡Feliz Navidad!
El aguinaldo para los lectores de mi blog lo he tomado de Bach, de cuya música el filósofo Ciorán dijo que hacía germinar a Dios. Se titula "Oratorio de Navidad". Disfrútenlo en el siguiente enlace.

1 comentarios:

FlorDFuego dijo...

El cielo es mucho más limpio a fin de año, cierto. En lo que a mí respecta, siempre me quedé con la costumbre de buscar en el cielo de Diciembre a los tres reyes magos, estrellitas que componen el cinturón de Orión y que curiosamente empiezan su descenso en fila india hacia el horizonte durante la segunda semana del mes, como si estuviesen por tocar tierra para trocarse en repartidores de juguetes.Pasado el día de Reyes, las estrellitas se van remonando a las alturas y noche a noche se las nota más encumbradas hasta que desaparencen por completo de nuestro campo visual. Aquéllo era tan mágico para mí como el río de tu infancia, ese que hoy ya no es más que un recuerdo nostálgico que te vincula a tu abuelo.